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8 de mayo de 2011

En la jaula callada de Cage

Hay un pájaro mudo

En el pájaro un sonido

En el sonido

Nada


–Jorge Eduardo Eielson, De materia verbalis (Editorial Aldus, 2005)

"Épica", de Robert Creeley

Al desear contar
una historia,
como una simple invención del infierno o
una simple reconquista

del estado de gracia,
puedo evocar las cortinas de encaje,
las personas que creo recordar,
la cara de la señora Curley.

"No mucho", de Robert Creeley

Nunca dijiste mucho
de lo que pensabas,
no hay mucho
que decir en respuesta

20 de julio de 2010

El hombre

It’s a strange courage
you give me ancient star:

Shine alone in the sunrise
toward which you lend no part!

– William Carlos Williams

"Felicidad", de Raymond Carver



Es tan temprano que casi no hay luz afuera.
Estoy parado junto a la ventana.
Tengo una taza de café en la mano,
y en la cabeza lo que a aquellas horas
se suele confundir con pensamientos.

Entonces veo al chico con su amigo
que vienen por la calle
para entregar el diario.

Tienen puestas gorritas y pulóveres,
y uno transporta una mochila al hombro.
Tan felices están
que ni abren la boca, estos dos chicos.

Creo que, si pudieran,
se tomarían del brazo.
Es muy temprano de mañana, y ellos
están haciendo este trabajo juntos.

Se acercan lentamente.
El cielo ya comienza a iluminarse,
aunque la luna cuelga pálida sobre el agua.

Tanta belleza que, por un minuto,
la ambición o la muerte, o incluso hasta el amor,
nada tienen que ver con todo esto.

Felicidad. Viene sin que la llamen,
y trasciende cualquier disquisición
matutina al respecto.

– Raymond Carver

A una pobre vieja

que está comiendo una ciruela
por la calle, una bolsa
llena en la mano

A ella le parece que están ricas
A ella le parece
que están ricas. A ella
le parece que están ricas

Se nota por la forma
en que se entrega a la ciruela
que sostiene en la mano,
a medio mordisquear

Reconfortada,
pareciera flotar en el aire un consuelo
de ciruelas maduras
A ella le parece que están ricas

– William Carlos Williams

17 de julio de 2010

"Provavelmente alegria", de José Saramago

En la isla a veces habitada de lo que somos, hay
noches, mañanas y madrugadas en que no necesitamos
morir.
En ese momento sabemos todo lo que fue y será.
El mundo se nos aparece explicado definitivamente y
entra en nosotros una gran serenidad, y se dicen las
palabras que la significan.
Levantamos un puñado de tierra y la apretamos en las
manos. Con dulzura.
Allí está toda la verdad soportable: el contorno, la
voluntad y los límites.
Podemos en ese momento decir que somos libres, con
la paz y con la sonrisa de quien se reconoce y
viajó alrededor del mundo infatigable, porque mordió el alma
hasta sus huesos.
Liberemos sin apuro la tierra donde ocurren milagros
como el agua, la piedra y la raíz.
Cada uno de nosotros es en este momento la vida.
Que eso nos baste.

Vía Seikilos.

24 de mayo de 2009

"Algunos árboles", de John Ashbery

Estos son sorprendentes: cada uno
apareado a un vecino, como si el discurso
fuera una inmóvil representación.
Poniéndonos de acuerdo, por azar,

en encontrarnos hoy por la mañana, tan distantes
del mundo como en concordancia
con él, tú y yo
somos de repente lo que tratan los árboles

de decirnos que somos:
que su simple presencia
tiene un significado: que muy pronto
podremos tocar, amar, explicar.

Y dichosos de no haber inventado
semejante hermosura, vemos que nos rodean:
un silencio poblado ya de ruidos,
un lienzo del que emergen

un coro de sonrisas, una invernal mañana.
Bajo una luz desconcertante, en movimiento
nuestros días se visten de reticencia tal
que estos acentos parecieran defensa de sí mismos.

16 de enero de 2009

"Arte poética", de Jorge Luis Borges

Mirar el río hecho de tiempo y agua
y recordar que el tiempo es otro río,
saber que nos perdemos como el río
y que los rostros pasan como el agua.

Sentir que la vigilia es otro sueño
que sueña no soñar y que la muerte
que teme nuestra carne es esa muerte
de cada noche, que se llama sueño.

Ver en el día o en el año un símbolo
de los días del hombre y de sus años,
convertir el ultraje de los años
en una música, un rumor y un símbolo,

ver en la muerte el sueño, en el ocaso
un triste oro, tal es la poesía
que es inmortal y pobre. La poesía
vuelve como la aurora y el ocaso.

A veces en las tardes una cara
nos mira desde el fondo de un espejo;
el arte debe ser como ese espejo
que nos revela nuestra propia cara.

Cuentan que Ulises, harto de prodigios,
lloró de amor al divisar su Itaca
verde y humilde. El arte es esa Itaca
de verde eternidad, no de prodigios.

También es como el río interminable
que pasa y queda y es cristal de un mismo
Heráclito inconstante, que es el mismo
y es otro, como el río interminable.

13 de julio de 2008

"Ítaca", de Konstantínos Kaváfis

Hace tiempo leí este poema de Kaváfis y cada determinado tiempo le vuelvo la mirada. De alguna manera, intuitivamente, me hizo entender que la vida es el camino y, a su vez, el hombre es el camino permanentemente inacabado... Que tu camino sea largo, porque Ítaca es sólo una idea.

Ítaca

Cuando emprendas tu viaje hacia Ítaca
debes rogar que el viaje sea largo,
lleno de peripecias, lleno de experiencias.
No has de temer ni a los lestrigones ni a los cíclopes,
ni la cólera del airado Posidón.
Nunca tales monstruos hallarás en tu ruta
si tu pensamiento es elevado, si una exquisita
emoción penetra en tu alma y en tu cuerpo.
Los lestrigones y los cíclopes
y el feroz Posidón no podrán encontrarte
si tú no los llevas ya dentro, en tu alma,
si tu alma no los conjura ante ti.
Debes rogar que el viaje sea largo,
que sean muchos los días de verano;
que te vean arribar con gozo, alegremente,
a puertos que tú antes ignorabas.
Que puedas detenerte en los mercados de Fenicia,
y comprar unas bellas mercancías:
madreperlas, coral, ébano, y ámbar,
y perfumes placenteros de mil clases.
Acude a muchas ciudades del Egipto
para aprender, y aprender de quienes saben.
Conserva siempre en tu alma la idea de Ítaca:
llegar allí, he aquí tu destino.
Mas no hagas con prisas tu camino;
mejor será que dure muchos años,
y que llegues, ya viejo, a la pequeña isla,
rico de cuanto habrás ganado en el camino.
No has de esperar que Ítaca te enriquezca:
Ítaca te ha concedido ya un hermoso viaje.
Sin ellas, jamás habrías partido;
mas no tiene otra cosa que ofrecerte.
Y si la encuentras pobre, Ítaca no te ha engañado.
Y siendo ya tan viejo, con tanta experiencia,
sin duda sabrás ya qué significan las Ítacas.

17 de febrero de 2008

"El libro de las horas", de Rainer Maria Rilke

¿Qué será de ti, Dios, cuando yo muera?
Yo soy tu jarra: ¿cuando me haga añicos?
Soy tu bebida: ¿cuando me corrompa?
Yo soy tu atuendo, yo soy tu oficio,
sin mí careces de sentido.

Después de mí no tendrás casa donde
te saluden palabras tibias y cercanas.
La sandalia de terciopelo que soy yo
se soltará de tus pies cansados.

Perderás tu gran manto.
Tu mirada, que mi mejilla acoge
tibiamente, como con almohadones,
vendrá y me buscará largo tiempo...
y al ponerse el sol se tenderá
en el regazo de piedras extrañas.

¿Qué harás, Dios? Temo por ti



(Fotografía de Patricia Nieto.)

16 de febrero de 2008

"Biografía imaginaria", de Rainer Maria Rilke




Primero una infancia sin lindes y sin
renuncia ni meta. Oh delicia inconsciente.
De pronto miedo, barreras, escuela, vasallaje
y caída en la tentación y la pérdida.

Terquedad. El doblegado se torna doblegador
y venga en otros su propia derrota.
Amado, temido, salvador, batallador, vencedor
y dominador, sin pausa ni descanso.

Y luego a solas en lo lejano, liviano, frío.
Pero en el fondo de la figura erguida
tomar aliento en busca del Primero, Antiguo...

Y en eso saltó Dios de su escondite.
– Rilke


[Fotografía Patricia Nieto]

3 de noviembre de 2007

E. E. Cummings

En algún lugar al que nunca he viajado,
felizmente más allá de toda experiencia,
tus ojos tienen su silencio:
En tu gesto más frágil hay cosas que me rodean
o que no puedo tocar porque están demasiado cerca.

Con solo mirarme, me liberas.
Aunque yo me haya cerrado como un puño,
siempre abres, pétalo tras pétalo mi ser,
como la primavera abre con un toque diestro
y misterioso su primera rosa.

O si deseas cerrarme, yo y
mi vida nos cerraremos muy bella, súbitamente,
como cuando el corazón de esta flor imagina
la nieve cayendo cuidadosa por doquier.

Nada que hayamos de percibir en este mundo iguala
la fuerza de tu intensa fragilidad, cuya textura
me somete con el color de sus campos,
retornando a la muerte y la eternidad con cada respiro.

Ignoro tu destreza para cerrar y abrir
pero, cierto es que algo me dice
que la voz de tus ojos es más profunda que todas las rosas...

Nadie, ni siquiera la lluvia tiene manos tan pequeñas.

– E. E. Cummings


26 de septiembre de 2007

"Retrato proletario", de William Carlos Williams

[Fotografía de Patricia Nieto]



Retrato proletario

Una joven alta sin sombrero
con delantal

Su pelo recogido atrás parada
en la calle

Un pie en calcetín la punta
en la acera

Su zapato en la mano. Mirando
atentamente adentro

Le saca la plantilla de papel
para dar con el clavo

Que la ha estado lastimando.

– William Carlos Williams