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29 de mayo de 2011

37ºC

El día está como parado por el bloque de calor que me aplasta en la cama, húmeda aún del agua ahora tibia del baño que tomé hace diez minutos y que moja la almohada y la espalda de la camisa morada, esa que conoces. Nada se mueve. Las hojas del árbol del patio que alcanzo a ver desde la horizontalidad de las sábanas están a la espera, pensaría yo, quizás, de un golpe de viento que las zarandé por los hombros.

Pronto tendré que pararme y vestirme para ir a comer.

25 de mayo de 2009

Insomnio y una pacífico

A las 3 a.m. me tomé una pacífico con una ensalada, vinagreta y pechuga asada de pollo! Delicioso. Una película y el remordimiento de saber que tengo trabajo mañana en la mañana.

25 de octubre de 2007

Miércoles 24 de octubre


¿Soy yo quien escribe estas palabras o es mi educación, mi contexto, mi vida simulada y alterada por todo menos yo misma?

Qué tragedia la del hombre revelada en mí, de la consciencia de la inconsciencia, la conciencia de lo efímero y de la finitud, la conciencia de la racionalidad y la animalidad (que tantos tratados ha provocado), la conciencia de lo absurdo del mito llamado ser humano.

“El hombre está condenado a inventarse a sí mismo” dice una voz difusa; pero no se refiere al yo, nunca al yo; sino al “hombre” como abstracción, al hombre como invento del hombre que moldea y crea artificialmente, y que ahora no sé cuál fue primero.

Nunca nos inventamos nosotros mismos, somos inventados por el otro y los millones de otros anteriores, que a su vez inventaron a ese otro y a otros más. Y así una lista interminable de nombres anónimos que se disuelven en mi lenta pero constantemente. ¿Cómo poder negar su presencia? Es genuina mi pregunta y te pregunto nuevamente, ¿cómo?

Una simple pregunta se convierte en un abismo de confusiones que me llevan de una a otra idea en milésimas de segundo, y que por lo tanto no puedo escribirlas todas.
Qué pena.
Es como si el tiempo en el pensamiento no existiera, y sin embargo existe cuando despierto de mis remolinos internos.

Y así las palabras se agotan y este tema escrito, pensado y tratado tantas veces me parece de pronto una estupidez; pero no puedo evitar sentir una profunda tristeza.

La palabra yo, ahora lo comprendo, es un arreglo lingüístico y retórico que no está sustentado en algo real. Es un fantasma que me incomoda, que existe sólo como palabra pero que sigo usando de forma implícita o explícitamente.

Horas de evasión y silencio; y después inconsciencia. Ahora es tiempo de dormir y después todo vuelve a empezar, probablemente no en mí pero sí en ti o en otro, seguramente en otro.