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8 de mayo de 2011

Por qué importa Sinatra, de Pete Hamill



Sinatra le propuso al periodista Pete Hamill escribir su “autobiografía”. Nunca sucedió, pero después de la muerte del hijo de inmigrantes italianos –un siciliano y una genovesa, el sur profundo y el norte próspero de la bota europea– que entendió la era del micrófono, se enfundó en traje y corbata y se puso a cantar, Hamill se sentó a escribir Por qué importa Sinatra. Un reportaje artesanal del chico flaco con cicatrices que se convirtió en “La voz”. El libro de 192 páginas es, en realidad, la respuesta a por qué importa Pete Hamill.

“Todos nos levantamos de la mesa y fuimos a la puerta lateral y luego seguimos a Frank Sinatra hacia la noche.

Squirrel Seeks Chipmunk, de David Sedaris



Un librillo con ilustraciones de Ian Falconer. Quizás los mejores cuentos sean el relato que le da nombre al libro, “The Squirrel and the Chipmunk”, y “The Judicious Brown Chicken”.

¿Una cita hilarante? Acá va:

"‘Cyclops’, her friends started calling her. As in, ‘Hey, Cyclops you might want to keep an eye out for that rooster’."

– David Sedaris, Squirrel seeks Chipmunk, “The Judicious Brown Chicken”

27 de junio de 2009

Si me necesitas, llámame, de Raymond Carver

Carver es, sin duda, uno de los mejores narradores que hay. Se dice que la literatura norteamericana es práctica, concreta y eficaz. Pero lo cierto es que estas características se deben, en gran medida, a que Raymond Carver es americano. Sus relatos son maravillosos. No pasan de las 10 páginas. Son fragmentos de vida, son ventanas vouyeristas a momentos de personas que pasan por un momento crucial: la separación de un matrimonio o la resolución de dejar el alcohol. No hay adornos retóricos ni complejidades semánticas. Sus personajes heridos y sumergidos en la incertidumbre de lo cotidiano son tan humanos que puedes sentirlos junto a ti... o en ti mismo.

Si me necesitas, llámame es un libro breve imprescindible en la biblioteca Carver. El cuento Leña o Sueño (incluso, Vándalos) son extraordinarios. La esencia estilística y temática de Carver está ahí.

25 de junio de 2009

Camas, de Groucho Marx

More about CAMAS

Lo compré en la Feria de Salva un libro... and I loved it!! Una reflexión de la vida en la cama, que abarca dos tercios de nuestra vida... o, en mi caso, quizá más. (¿A quién engaño?)

"Es una tontería mirar debajo de la cama. Si su mujer tiene una visita, lo más probable es que la esconda en el armario".

7 de junio de 2009

Elogios criminales, de Julio Villanueva Chang

Seis perfiles periodísticos que Juan Villoro describió como "robos perfectos". Y en cierta medida lo son. Villanueva Chang no es un nombre desconocido en el terreno del periodismo narrativo. En 2002 "El Chino" –como lo apodan– fundó Etiqueta Negra. Estudió pedagogía y fue becario de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano, presidido por García Márquez.

Sus retratos tienen un tenue sabor ácido que se disuelve en un refrescante humor inteligente. Como alguien que estudió para la compartir conocimientos, Villanueva Chang explica las zonas grises de sus perfiles con metáforas sencillas e imágenes concretas, muchas veces con apologías a la cultura popular. Los datos duros (lo que habla de arduas investigaciones) se deslizan con naturalidad, casi imperceptibles. A veces, esas cifras (tan escasas en el periodismo latinoamericano, pero tan necesarias en el retrato de los hechos) son dispuestas en modos divertidos y poco convencionales. Nos dice, por ejemplo, que el los desperdicios que se tiran diariamente en un basurero municipal en Cali, equivalen al peso de más de doscientos elefantes apilados entre sí. Sabiendo de la precisión de Villanueva, es seguro que hizo el cálculo exacto.

Los perfiles son a seis figuras altamente conocidas en la esfera pública. Pero llega a ellos por frentes nunca explorados. Retrata al Premio Nobel colombiano, Gabriel García Márquez, a través de su dentista cristiano que guarda religiosamente una de sus muelas.

Incursiona al mundo de un tenor peruano de primer nivel, Juan Diego Flórez, desde la casa en Florida de la madre de la gran voz que nunca aprendió a silbar.

Se aproxima a la mítica figura del mejor exponente de periodismo narrativo de la historia, Ryszard Kapuscinski, desde el lobby de un hotel a minutos de su regreso a Varsovia.

Le roba cinco minutos al polémico director de cine Warner Herzog y eso le basta para construir un perfil de un tipo que amenazó de muerte a su actor favorito.

Y para el final, deja el que a mi gusto fue el mejor perfil: Ferran Adriá. Un extraterrestre cuyos platillos son comparados con platillos espaciales. El mejor chef del mundo, elevado al peldaño de genio-artista, es un catalán que ahuyenta mosquitos en la terraza del mejor restaurante de este planeta, con vista al mar mediterráneo.

6 de junio de 2009

Elogios criminales de una cocina extraterrestre



Aún no lo termino. Elogios criminales. Estoy terminando el último perfil periodístico. Ferran Adriá. El mundo de los sabores. La cocina inmaculada, minimalista de lo que la prensa internacional llama el último gran genio de la cocina. Incluso del arte. Parecería semántica snob. Pretenciones intelectuales. Pero la filosofía detrás de la cocina de Adriá es cosa de otro mundo. O quizá demasiado de éste. El mundo posmoderno: tratando, casi en el absurdo, de racionalizar todo. De reducir (sí, reducir) la realidad en conceptos. El arte es conceptual. La comida también. Ahhhh... No lo sé.

24 de mayo de 2009

Si esto es un hombre, de Primo Levi

“Considerad si es un hombre/ Quien trabaja en el fango / Quien no conoce la paz / Quien lucha por la mitad de un panecillo / Quien muere por un sí o por un no”.

Contra México Lindo, de Lobsang Castañeda, et al.

Se trata de seis ensayos breves que argumentan en contra de los estereotipos de lo mexicano. Contra el color local, contra lo hecho en México, contra el ingenio del mexicano, contra el machismo, contra el padre y contra la celebración de nosotros mismos. Parece un intento casi bizantino, pero es, sin duda, una lectura transgresora. Unos ensayos más lúcidos que otros, pero se es en general un pequeño libro recomendable.

Contra el machismo, de Lobsang Castañeda y contra la celebración de nosotros mismos, de José Israel Carranza, son a mi gusto los mejores ensayos del libro: Irreverentes , mordaces e inteligentes. La lectura se hace rápida y deliciosa.


Éste de México Lindo es el Round 11, y Tumbona ediciones tiene otros rounds interesantes. Ahora voy por Contra el Copyright.

Raval. Del amor a los niños, de Arcadi Espada

Uno termina de leer a Arcadi Espada (Barcelona, 1957) y queda con la sensación de haber asistido a una clase de periodismo. Haber presenciado un ágil devaneo de ideas agudas y apuntes experimentados de un periodista crítico.
Raval. Del amor a los niños es un reportaje sobrio. Narrado con fluidez despilfarradora de un escritor que no da respiro al lector.
Su estilo es refrescante y lúdico. No es fácil. Requiere del lector reflexión y concentración. Probablemente deberá releer ciertas páginas, escritas con el estilo apurado de un detective con labor cartográfica. “Éste libro es inhumano. Sólo hay rayas y nombres. ¿Periodismo? ¿Literatura? ¡Cartografía!” (Espada, 91). Desentrañar una red de mentiras no es cosa fácil.

Su narración es rica en descripciones e imágenes como aquella en que describe el sudor en el saco del abogado o el fétido olor de las mantas manchadas de semen y vómito de uno de los encarcelados. Es famosa la frase de Espada en que se opone a la redacción periodística usual que esconde al periodista-individuo que escribe. “Se trata de fabricar la ilusión de que alguien o algo ajeno al yo del sujeto, y en consecuencia, a sus intereses y opiniones, narra los hechos. Es desde este punto de vista que se proscribe, en la estilística periodística, el uso de la primera persona del singular (excepto cuando esta persona ha alcanzado un estatus divino y entonces ya puede equipararse al Dios objetivo, mayestático y sin alma, que es el narrador habitual del periodismo)". Y añade: "Así es como cada yo queda en su casa y Dios en la de todos”. En Raval, Dios se queda en su casa.

Mi estantería

8 de enero de 2009

After Dark, de Haruki Murakami

Una noche con luces neón, un constante recuento del tiempo, una taza de café en un Denny’s de Tokio y música ambiental, casi insonora, de un bar-restaurant. Como con cámara en mano, Murakami nos conduce por calles anónimas iluminadas de luz artificial, por cuartos oscuros a los que la mirada irá acostumbrándose, por cafeterías de iluminación verdosa y café barato, y por love-hos (Love hotels, o casas de cita japonesas).

Alter dark, la última obra de Haruki Murakami, es una novela completamente visual. Podría decir, incluso, que se trata de un guión cinematográfico que deja ver planos secuencia y soberbios long shots que enmarcan un mundo tan real como onírico, en que sus personajes van desesperadamente buscándose a sí mismos.

Bizarro pero genial. Con una narrativa cinematográfica, pero de gran calidad literaria, Murakami nos conduce a un universo irreal, pero creíble. Lleno de referencias (a música popular, a ambientes conocidos y un claro homenaje al cine de Jean-Luc Godard) que forman parte de un imaginario colectivo que nos describe a todos.

Lee este libro con: café y una buena playlist de jazz.

11 de octubre de 2008

La carretera, de Cormac McCarthy


Es un clásico posmoderno. No hay más, McCarthy es un maestro. Imágenes poderosas, narración sin poesía y redacción concreta... precisa. Un mundo post apocalíptico y la poca humanidad doliente que sobrevive sin importar el límite entre el bien o el mal. En el mundo de McCarthy sólo existe la supervivencia.

25 de mayo de 2008

El sabueso de los Baskerville, de Arthur Conan Doyle

Para muchos se trata de la mejor novela de Conan Doyle sobre su más célebre personaje, Sherlock Holmes. Empieza a publicarse por entregas en la revista Stand Magazine en 1901. Para esa época, Conan Doyle ya había asesinado a Holmes, cuyo cuerpo había desaparecido en la catarata de Reichenbach en Suiza... y sin embargo.
Dice Borges: “Lo soñó un irlandés, que no lo quiso nunca y que trató, nos dicen, de matarlo. Fue en vano. El hombre solitario prosigue, lupa en mano, su rara suerte discontinua de cosa trunca” (Los conjurados, 1985).

Pero, El sabueso de los Baskerville no revive al mítico detective, sino se trata un recuerdo de Watson de una aventura que transcurrió entre Estudio en Escarlata y El signo de los cuatro.

En esta breve novela se nota la madurez del autor, que desarrolla una historia sencilla de un caso complejo que Holmes resuelve, no sin cierta dificultad. Enreda al lector entre detalles que cobrarán mayor importancia al acercarse la resolución del caso y de insinuaciones irrelevantes que confunden y despistan.

En fin, El sabueso de los Baskerville, dota de una complejidad e importancia literaria al género detectivesco que mucho se ha infravalorado. Arthur Conan Doyle, inyecta seriedad artística a la novela de detectives y la ha elevado a la categoría de universal.
“Mis investigaciones se ciñen al pasado y al presente, pero es difícil responder de lo que pueda hacer un hombre en el futuro”.

24 de mayo de 2008

Estudio en escarlata, de Arthur Conan Doyle


Aunque muchos críticos han dado fe de las carencias narrativas de las novelas y relatos en que Sir Arthur Conan Doyle introduce al personaje que aseguró su inmortalidad en las letras inglesas, es fácil advertir la genialidad del escritor escoses que creó una figura arquetípica del hombre pragmático y lógico que hablaba de lo que sabía e ignoraba que “la Tierra gira alrededor del Sol” (Diría Watson, “su ignorancia es tan impresionante como sus conocimientos”).

Se trata, evidentemente, de Sherlock Holmes; el detective privado que resuelve casos mediante la lógica deductiva y la observación. Estudio en Escarlata (1887) es la primera aventura publicada del singular detective y de su contraparte de mente promedio y conducta bondadosa, el Doctor Watson. De esta manera, se gestó una pareja que ha trascendido las fronteras de la ficción para instaurarse en el inconciente colectivo y en la cultura popular. “Elemental, mi querido Watson”.

Dice Juan Antonio Molina: “Aunque no haya en él ni la humanidad, ni la profundidad psicológica, ni el conocimiento del corazón humano de los más conseguidos personajes de Dickens, Hardy, Flaubert o Emily Bontë, sin embargo es tan verosímil como cualquiera de ellos. Tiene vida propia. Para los que no estuvieron allí, el Londres de las dos últimas décadas del siglo XIX es el Londres de Holmes, y nadie que pase por Baker Street hoy en día puede evitar alzar la vista buscando vanamente el número mágico”.

Es en Estudio en Escarlata, de la mano del cronista y narrador de las subsecuentes aventuras de Sherlock Holmes, el Doctor Watson (médico castrense que sirvió en la guerra de Afganistán) conoce al singular detective y se deciden a rentar la mítica vivienda que ambos compartirían por muchos años: el 221B de Baker Street.

En el borrador de la novela, Conan Doyle la tituló inicialmente Una madeja enmarañada y se publicó en el anuario navideño de Ward & Lock; lo que significó el nacimiento literario de un personaje que sobreviviría al tiempo y abatiría las fronteras del espacio. Esta novela corta es el primer eslabón que constituirá la obra completa Holmesiana, con un total de 60 relatos (4 largos y 54 cortos) que es conocida como El Canon.

Pese a estar escrita en tiempos de la moral victoriana, ya ajenos a nuestro estilo de vida del siglo XXI, me pareció una novela atemporal en que su encantador protagonista, con su humor negro y sardónico que lo caracterizan, esboza los primeros lineamientos de su filosofía y de su pensamiento, y su afán de callarse los detalles para darlos a conocer cuando ha resuelto el caso. “Como usted sabe, un prestidigitador deja de tener crédito en cuanto explica su truco; si le muestro mi método de trabajo más de lo conveniente sacará usted la conclusión de que, después de todo, soy un tipo bastante normal”.

Aunque quizá, para el lector contemporáneo le resulte un tanto inocente el asombro de Watson ante los casos que Holmes resuelve como acertijos, es un deleite leer los comentarios sarcásticos del singular personaje y ser testigo del inicio de un ente ficticio tan real como lo es Holmes. “En la madeja incolora de la vida hay una hebra escarlata para el asesinato, y es deber nuestro desenredarla, aislarla y poner al descubierto hasta el menor detalle de la misma”.

Se trata, pues, de una novela corta bastante disfrutable que deja ver las grandes virtudes de Sir Arthur Conan Doyle como narrador, además de ser la obra en donde podemos contemplar el nacimiento de un héroe victoriano de la Londres del siglo XIX que se convirtió en una figura universal; que nos dice mucho, si observamos de manera holmesiana, sobre su época (entendida con la filosofía moderna fundamentada en el ego cogito de Descartes y en el empirismo inglés) y sobre el propio hombre.

14 de mayo de 2008

Cartas a un Joven Poeta, de Rainer Maria Rilke




Un libro que no está de más leer –regalo favorito de tíos que quieren dar lecciones de vida. Son diez cartas (escritas entre 1903 y 1929) que Rilke escribió a Franz Kappus, un joven que buscó en el conocido poeta un indicio sobre el sentido de su propia vida, y que se puede extender a la de todos los lectores. Con una sabiduría y profundidad geniales, trata temas como el amor, el arte, la muerte, la soledad, la tristeza y el sentido de la vida.

De manera sencilla y sin pretensiones, Rilke esboza sinceramente sus pensamientos y sus ideales, y nos encontramos con una filosofía subyacente a sus palabras que desvela que el arte se antepone a la razón. “Las cosas no son tan decibles y comprensibles como generalmente se nos quiere hacer creer. La mayor parte de los acontecimientos son indecibles y tienen lugar en un ámbito en el que jamás ha penetrado palabra alguna”.

Pude observar ciertas semejanzas respecto al pensamiento de Martin Heidegger, que Rilke, con su sensibilidad de poeta, advierte sin mucho razonamiento. Humilde, sincero y directo, el poeta escribe para el ser humano desde la cotidianidad, escribe aconsejándome de la vida… recordándome que es importante internarme en mi misma, ahí donde “la vida se origina”.

  • “… nos encontramos solos frente a lo desconocido que ha entrado en nosotros, por un instante nos han quitado lo familiar y habitual, nos hallamos en medio de un tránsito en el que no podemos permanecer.”
  • “No tenemos ningún motivo para temer al mundo, pues él no está en contra nuestra. Si hay espantos, son nuestros espantos, si hay abismos, son nuestros abismos. Si hay peligros, debemos esforzarnos en amarlos.”
  • “… el arte, no es más que un modo de vida, y puede uno prepararse para él viviendo de cualquier modo, sin darse cuenta.”
  • No pudo decir más… la profundidad de Rilke que me llega y me provoca, me lastima y me regenera. No hay palabras para lo indecible… pero Rilke se acerca.

La casa de las bellas durmientes, de Yasunari Kawabata

Una reflexión profunda sobre la vejez y sobre la vecindad de la muerte en la vida. Una historia bizarra y sobrecogedora que da pie a la mente del viejo triste Eguchi a naufragar en las aguas de su memoria. Las mujeres de su pasado, la muerte y la vida misma se le manifiestan mientras yace junto a jóvenes mujeres narcotizadas que conforman el séquito de la casa de las bellas durmientes.
“No era una muñeca viviente, pues no podía haber muñecas vivientes; pero, para que no se avergonzara de un viejo que ya no era hombre, había sido convertida en juguete viviente. No, un juguete, no: para los viejos podía ser la vida misma.”

La soledad y la tristeza pesada de los ancianos y la conjunta, y casi universal, idea de la vejez como etapa ineficaz, lastimera y vertida de fealdad que hace a una sociedad cruel excluirlos y llevarlos al punto de pagar por la compañía de mujeres dormidas (drogadas para no despertar por horas) con las cuales calentar una noche… los ancianos ya no son hombres, sino pertenecen a una nueva estirpe que se esconde en la negritud de la noche y se arropa con la sangre caliente de jóvenes que tienen que estar narcotizadas para poder convivir desde el silencio con esta especie en extinción, literalmente.

Novela sencilla y breve pero lo suficientemente compleja como para ser recordada. Al final la muerte, yace a los pies de todos: ancianos y jóvenes.

Dice Yukio Mishima: “Las técnicas habituales de diálogo y descripción de personajes son inútiles en La casa de las bellas durmientes porque las muchachas están dormidas. Debe ser muy raro en la literatura comunicar una sensación tan viva de vida individual mediante descripciones de figuras dormidas”.

13 de marzo de 2008

El pozo, de Juan Carlos Onetti

El pozo


Una obra concreta, pulcra y redonda. Completa. En una sensación de incomprensión, de confusión crónica y de vacío terminé El pozo.
Una vorágine de imágenes, ideas, anécdotas y sueños que se proyectan en la angustia de mis contemporáneos. Eladio Linacero, un poeta, un fracasado, ve por primera vez las cosas. Esta claridad, envidiable, de Linacero, provoca que se vierta, casi por completo, a la ficción. Se mete dentro de sí mismo y narra su propio mundo onírico. ¿Será que nuestros sueños dicen más de nuestra vida, que nuestras acciones conscientes?

Y así, el poeta se dedica a escribir la historia de un alma, “de ella sola, sin los sucesos en que tuvo que mezclarse, queriendo o no”. Es decir, narrar su vida fuera de las condiciones fatalistas de la sociedad y de sus actos. ¿Qué le queda? Sus proyectos frustrados, sus deseos, sus ideas nunca concretadas… sus sueños. Al final, quizás eso seamos todos… caminos inacabados, la misma pregunta de ¿quiénes somos? jamás respondida… e imposible de responder. Esta es una posibilidad: somos la pregunta encarnada…

“Es cierto que no sé escribir, pero escribo de mí mismo. Ahora se siente menos calor y puede ser que de noche refresque. Lo difícil es encontrar un punto de partida. Estoy resuelto a no poner nada de la infancia. Como niño era un imbécil… Me gustaría escribir la historia de un alma, de ella sola, sin los sucesos en que tuvo que mezclarse, queriendo o no. O los sueños. Desde alguna pesadilla, la más lejana que recuerde, hasta las aventuras en la cabaña de troncos”.

En fin me quedan ciertas dudas…
¿Si no somos lo que hacemos, lo que sabemos, lo que entendemos o lo que contestamos, qué somos.. quién soy? Tal vez, lo que resta de todo eso. Soy la propia pregunta. De esta manera, Linacero palpita en una vida plana (hombre de cuarenta años que jamás consiguió éxito alguno) que repara en ello. Somos Nada. Vivimos en un pozo en que la Nada se debate entre ritos y leyendas. Vivimos en una oscuridad innegable que nos impide vernos en nuestra ausencia.

“El cansancio me trae pensamientos sin esperanza. Hubo un mensaje que lanzara mi juventud a la vida; estaba hecho con palabras de desafío y confianza. Se lo debe haber tragado el agua como a las botellas que tiran los náufragos.”

El paso del tiempo, lineal según nuestra tradición asfixiante, se limita a instantes… El pasado está atrás, el futurno no ha llegado… lo que queda es la sucesión de instantes que nos recuerdan la fugacidad y lo escurridizo del tic tac invisible. El instante… ¿existe? Mientras escribo esta idea, el instante ya pasó… Esto hace que nos concentremos, a mi parecer, en el actuar… en la idea de productividad (Marx diría que estaba cansado de pensar al mundo. La modernidad era TIEMPO de ACTUAR –de cambiarlo). Es decir, CREER (no pensar) que soy lo que hago. “Ser productivo” es el lema de nuestro tiempo; es la imagen del éxito.

Mientras tanto, Eliseo deja pasar el tiempo. El antihéroe se debate entre el tiempo lineal y el proyectivo… De alguna manera, le doy más crédito a Linacero. Su angustia espejea la mía (¿qué no es esa la función de la literatura?) y entiendo lo valioso de encontrarte contigo misma cara a cara… en tus imperfecciones, en tus debilidades, en la vulnerabilidad de saberme efímera. Pero miro alrededor y veo los esfuerzos de la sociedad y de los subjectums anónimos que evaden estas sensaciones: Prozac… entretenimiento… sobreproducción (adictos al trabajo… adictos a actividades eviten confrontarlos con ellos mismos).

“Siento que mi vida no es más que el paso de fracciones de tiempo, una y otra, una y otra, como el ruido de un reloj, el agua corre, moneada que se cuenta. Estoy tirado y el tiempo pasa… Yo estoy tirado y el tiempo se arrastra, indiferente, a mi derecha y a mi izquierda.”

Dice Onetti, “Todo en la vida es mierda y ahora estamos ciegos en la noche, atentos y sin comprender.” Así como en un pozo…

“Todo es inútil y hay que tener por lo menos el valor de no usar pretextos. Me hubiera gustado clavar la noche en el papel como a una gran mariposa nocturna. Pero, en cambio, fue ella la que me alzó entre sus aguas como el cuerpo lívido de un muerto y me arrastra, inexorable, entre fríos y vagas espumas, noche abajo…”

Genial. El pozo, es sin duda una visión desesperanzada de la vida… Pero ¿acaso es malo dejarte invadir por esas sensaciones incontrolables que dejan ver… y verte?

4 de febrero de 2008

Sputnik, mi amor, de Haruki Murakami

¿Sabes qué significa sputnik en ruso? En inglés sería travelling companion. Compañero de viaje. (…) Bien pensado es una extraña coincidencia. ¿Por qué pondrían los rusos un nombre tan raro a un satélite artificial? No era más que un infeliz trozo de metal que daba vuelta tras otra, completamente solo, alrededor de la tierra.

El mejor libro de Murakami que he leído. El Sputnik ruso (el primer satélite artificial) sirve de metáfora para explicar la soledad y el sin sentido del hombre urbano, que se desliza por las calles de la ciudad sin rumbo fijo…
flotando a través del tiempo, en la indiferencia y en la calina.

Somos como la perrita Laika que viaja en las profundidades inciertas del universo, con los ojos bien abiertos… pero sin entender lo que vemos.

“¿Por qué tenemos que quedarnos todos tan solos? Pensé. ¿Qué necesidad hay? Hay tantísimas personas en este mundo que esperan, todas y cada una de ellas, algo de los demás, y que, no obstante, se aíslan tanto las unas de las otras. ¿Para qué? ¿Se nutre acaso el planeta de la soledad de los seres humanos para seguir rotando? Me tumbé de espaldas sobre una piedra plana, alcé la vista hacia el cielo y pensé en la multitud de satélites artificiales que debían de estar girando alrededor de la tierra. (…) Cerré los ojos, agucé el oído y pensé en los descendientes del Sputnik que cruzaban el firmamento teniendo como único vínculo la gravedad de la tierra. Unos solitarios pedazos de metal en la negrura del espacio infinito que de repente se encontraban, se cruzaban y se separaban para siempre. Sin una palabra, sin una promesa.